Antes de colocar sensores o programar el riego de las macetas de interior, revisamos la instalación existente y acordamos qué puntos conviene automatizar y cuáles no. El orden es siempre el mismo: diagnóstico, propuesta concreta, montaje y una semana de seguimiento para ajustar umbrales de humedad y presión.
Los plazos dependen del tamaño de la cocina y de si hay que rehacer tomas de agua. En pisos ya habitados solemos trabajar por fases para no dejar la zona sin uso más de un día.
Cada instalación de un módulo de cocina conectada sigue un orden fijo. No es un trámite: es la forma de que los sensores de agua, el riego de hierbas y el control del refrigerador funcionen juntos desde el primer día y no se conviertan en piezas sueltas dentro de la casa.
Visitamos el espacio y anotamos dónde están las tomas, la llave de paso y las cañerías vistas. Revisamos si el mueble bajo la pileta tiene espacio real para el módulo de corte y si la red wifi llega con señal estable hasta ese rincón. De esta visita sale un plano simple con las ubicaciones y una lista de lo que ya existe y sirve.
Con el plano en mano acordamos cuántos sensores de humedad van bajo la pileta, en el lavavajillas y junto al termotanque, y qué hace el sistema cuando detecta una fuga: cerrar la válvula, avisar al teléfono o ambas cosas. También definimos el riego de las hierbas en la repisa y la temperatura de consigna del refrigerador según lo que se guarda habitualmente.
Montamos el módulo, conectamos la electroválvula y dejamos los sensores en su posición definitiva. Después hacemos pruebas con agua: abrimos la canilla a propósito, provocamos una pérdida pequeña y medimos cuánto tarda el cierre. El riego de la repisa se calibra con el caudal que realmente entrega la bomba, no con el que indica el manual.
Corregimos umbrales que quedaron sensibles de más, dejamos las alertas configuradas en el teléfono de quien vive en la casa y explicamos cómo cortar el sistema a mano si hace falta. Entregamos una hoja con el esquema de válvulas y sensores. A partir de ahí el mantenimiento es revisar los filtros cada tanto y cambiar las baterías de los sensores cuando avisen.
Los plazos se corren si hay que reemplazar cañería vieja o si el tablero eléctrico no tiene un circuito libre para el módulo. Preferimos decirlo antes de empezar y no a mitad de obra.
En Ashiyan Foods trabajamos por etapas cortas y verificables. Cada paso deja algo concreto: un plano, una prueba de sensores, una decisión sobre dónde va cada módulo. No instalamos por instalar.
Revisamos la cocina: cantidad de tomas de agua, ubicación del refrigerador, si hay mesada para el cultivo de hierbas y dónde conviene poner el corte general. De ahí sale un croquis simple, no un presupuesto cerrado.
Definimos qué entra: control de fugas con electroválvula, sensores bajo mesada, riego por goteo para la zona verde y la capa de red que conecta todo. Si algo no tiene sentido en ese espacio, lo decimos y se descarta.
Antes de tocar la instalación, los sensores y la central se prueban con fugas simuladas y cortes de energía. Ahí aparecen los ajustes de sensibilidad que después evitan falsas alarmas.
Instalación en dos jornadas habituales, con el agua cortada solo el tiempo necesario. Calibramos umbrales, probamos el riego y dejamos las rutinas de aviso configuradas en el teléfono.
Un mes después revisamos registros de consumo y eventos. Si hubo avisos repetidos, se corrige la ubicación del sensor o el umbral. El sistema queda ajustado al uso real de la casa.
Si querés ver cómo aplicamos esto en casos concretos, podés revisar los escenarios de instalación o escribirnos desde contacto.
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